Una prueba piloto

 Retomemos nuestro relato donde lo habíamos dejado. Recuérdate. Habíamos acabado un evento de trepa de arboles en la ENA después de varias actividades en San Andrés. Pero antes de seguir por el camino que lleva al Ecoparque El Espino, hagamos una pequeña retrospectiva mirando mas lejos en el pasado hasta el día anterior al arranque del proyecto de ecotour.

  El día siguiente, nuestro equipo sabía tener que madrugar para viajar a San Andrés. Por ahora, nos tocaba salir al encuentro de San Salvador, familiarizarse con el barullo de la ciudad, colar entre las mallas del trafico y de los transeúntes y orientarnos en el laberíntico sistema de transporte de la capital. Para un novato poco aventurado, circular en la ciudad capitalina puede aparentarse a una pesadilla. Al igual que ocurre en otros países latinoamericanos, para encaminar hacia un determinado paraje, es costumbre referirse a un punto de referencia en lugar de una dirección. De esa manera, para llegar a buen puerto, vale más indicar al taxista un comercio, en ejemplo una gasolinera, o cualquier infraestructura tal como un redondel, que darle un número y un nombre de calle con cuales muy a menudo, no sabrá que hacer. En caso que prefieres tomar un bus, no esperes encontrar paradas materializadas por un refugio y un banco. Son muy escasas, aunque puedo decir que cada vez que voy a El Salvador, las veo multiplicarse.

salvador del mundo, cooperation, san sivar, tourisme solidaire Así, si desde la emblemática Plaza Salvador del Mundo, donde todos los días por la tarde se juntan jóvenes para hacer trucos de skateboard, deseas averiguar cualquier vinculo entre el Picacho, las mas alta prominencia del Volcán de San Salvador y Pikachu, el famoso monstruo amarillo —quien con sus colegas originarios de Japón, ha dado la manía a tanta gente de lanzarse en una improbable cacería, la nariz pegada a su celular— o si tienes la idea de bajar dentro del cráter del Boquerón, nada imposible. Solo tendrás que ubicar donde pasan los buses en la ruta a Santa Tecla y, como ya lo decía el poeta francés, Raymond Queneau, no te olvides de hacer señas al motorista* para que pare.

 En caso que no lo logres, ningún bus deteniéndose para dejarte la oportunidad de montar a bordo, no dudes en preguntar donde paran los buses que van a Santa Tecla. No te vas a perder. Si es tu primera vez en el país, no tardarás en darte cuenta lo afable y hospitalario que es la gente de El Salvador. Si por timidez, no te atreves a preguntar por el camino, un pasante sintiéndote perdido no faltará en tomar la iniciativa de transformarse en una verdadera oficina de turismo. Aquí esta la clave del viaje en América Central. Aunque como en cualquier parte de el mundo es necesario velar a evitar los malandros, es un buen consejo ir al encuentro de la gente. Su tradición de la hospitalidad hará el resto. Siempre habrá uno para indicarte donde parar el bus que te llevará a tu destino. Entonces, si efectivamente deseas ir al Volcán de San Salvador, es muy probable que un pasante te preste ayuda espontáneamente. Como los salvadoreños no escatiman esfuerzos cuando se trata de ayudar a un extranjero buscando su camino, es muy probable que te sume otras informaciones. Así, te indicará que pasarás delante de la Ceiba de Guadalupe antes de llegar a Santa Tecla donde tendrás que cambiar de ruta para ir a las cumbres del volcán que domina la aglomeración urbana de la capital salvadoreña.

 
la Basílica Nuestra Señora de Guadalupe
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  ¿Nunca antes habías oído la palabra “Ceiba*? Una vez apercibido, este majestuoso árbol se convertirá en un indefectible punto de referencia que no desaparecerá de la noche a la mañana de tu cabeza. Para gravarlo aun más en tu memoria, no dudes en pararte para admirar la Basílica Nuestra Señora de Guadalupe frente al Monumento al Soldado Salvadoreño.

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La Torre Futura

  Las crestas del volcán de San Salvador ofrecen un asombroso panorama de la ciudad. A menudo, he podido observar turistas practicando un juego divertido desde los diferentes miradores que sobresalen de las pendientes del volcán. Su regla es tan sencilla que instintiva: sobrevolando el paisaje de una mirada, la meta de ese juego es de ubicar los lugares visitados y los demás que quedan por conocer. Por ejemplo, es imposible fallar en encontrar el centro comercial Multiplaza o el azul grisáceo de la Torre Futura. Menos visible que cuando vestía el rojo vivo y el amarillo de la bandera de España, un imponente edificio, hoy pintado con diferentes azules, llamará sin falta tu atención: el Estadio Cuscatlán, también conocido como Coloso Monserrat.

 Como preámbulo de nuestro viaje, el objetivo era de llegar a este punto de referencia que ningún taxista de San Sivar* desconoce. Una prueba piloto antes de atravesar Centroamérica, una prueba que iniciaba con el objetivo de llegar a este emblemático lugar para los aficionados. Si nos tocaba realizar una prueba piloto antes de recorrer varios caminos, mejor hacerlo en semejantes condiciones que las que íbamos a conocer durante el ecotour de los Trepadores del Imposible. Es entonces caminando y en bus, como todo mochilero que se respeta, que nos fuimos al Coloso Monserrat, el mas grande estadio de América Central.

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El Estadio Cuscatlán, también conocido como Coloso Monserrat

  El ecotour empezaba el día siguiente. Aun, disponíamos de un día y una noche mas para preparar las aventuras que nos esperaban. Viviendo hace tiempo, en las cercanías del estadio y teniendo un interés para el fútbol de los mas moderados, el Estadio Cuscatlán no tenía para mi nada extraordinario. De lo contrario, para nuestros jóvenes trepadores de arboles, la historia era diferente. Nada mas que el viaje para llegar al estadio ya era una pequeña aventura. Recorrer la capital, pedir su camino, saber cuando cambiar de bus para evitar los trabazones del denso trafico que congestiona San Salvador… todo aquello era novedad para ellos. En efecto. Varios de estos bichos* descubrieron su respectiva capital en ocasión de un doble evento de trepa de arboles en el Ecoparque El espino y en el campus de la Universidad de El Salvador. Ademas, los de ellos que ya habían estado en la ciudad tampoco la conocían bien. No habían hecho mas que vislumbrarla. Jamas habían tenido la oportunidad de caminar así por sus calles ni convertirse, el espacio de unos instantes, en turistas de paseo.  Considerando que solo 120 km separan el caserío* San Miguelito de la capital, esta situación puede resultar sorprendente. No obstante, no tiene nada insólita. Pocos son los salvadoreños que visitan su país. Hay varias razones que convendría mencionar. Pero de momento, centrénemos en nuestro relato aprovechando de esa oportunidad para señalar que esto nos demuestra que queda mucho por hacer para desarrollar el turismo interior.

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La Bahía de Jiquilisco, uno de los lugares turísticos de El Salvador

  Cuando habitaba el barrio, solía ir a correr en las instalaciones del estadio o jugar al fútbol. Nunca me había pasado algo parecido a la desagradable experiencia que tuvimos este día. El guardia en la entrada se mostró algo desconfiado con nosotros. Daba la impresión buscar “el verdadero motivo” de nuestra venida, haciéndonos un montón de preguntas. Argumentar que queríamos estirar un poco las piernas, que sus jóvenes compatriotas querían nada mas que conocer este tan emblemático lugar para quien le tiene afición a la pelota redonda, le dejó dubitativo y francamente incrédulo. Al final, si insistiendo, alcanzamos entrar en el recinto del estadio, me quedó un sabor amargo. La verdad, es que me dificulta apreciar esta situación como siendo otra cosa que una forma de discriminación dirigida hacia estos muchachos. Sin embargo, si no lo quiero excusar, puedo entenderlo. Antes de atreverse a juzgar, se tiene que tomar en cuenta el contexto: la tasa de homicidios de El Salvador está entre las más altas del mundo. La responsabilidad recae principalmente en organizaciones criminales que usan jóvenes varones como mano de obra. Eso explica porque estos últimos, sobre todo cuando andan en grupo y que no se identifican como habitantes del barrio, son considerados con desconfianza y hasta incluso, miedo. Son percibidos como una potencial fuente de perturbación. Son vistos como una olla a punto de estallar sobre cual se debe mantener un ojo. Lastimosamente, es a menudo esta imagen negativa de un país violento bajo control de organizaciones criminales que El Salvador envía al resto del mundo. Que los trotamundos se tranquilicen. Si esta problemática de violencia es bien real, sería indigno negarlo, los extranjeros no son un blanco. Al contrario, se respetan y el siempre hecho de su presencia, muy apreciado. Lo más habitual es de conocer a salvadoreños haciendo prueba de una cultura de acogida, de calidez humana y de ayuda mutua totalmente al opuesto de la mala reputación de la que sufren. He visto miles de veces viajeros quedarse estupefactos al constatar ese desfase. Es claramente la mas grande paradoja de El Salvador, la que mas hace hablar los extranjeros que visitan el país. Tanto que durara esta pésima situación para los habitantes del Pulgarcito de América*, creo que las lenguas de quienes lo visitan seguirán usándose intentando explicar aquella paradoja.

  Mas tarde durante nuestro periplo, este rechazo de cuyo son victimas los jóvenes salvadoreños iba a volver a la superficie, pero esta vez tomando otra forma. Nuestros trepadores de arboles, futbolistas confirmados, habrán podido penetrar el recinto del Estadio Cuscatlán. Al final de todo, esto es lo que mas importa. Lo feo ya pasó. Lo bonito queda por escribir.

  El ecotour los Trepadores del Imposible es una obra colectiva. Es el fruto de una alianza entre varios actores, los dos principales siendo Reforestando El Salvador, el portador de proyecto, que sacó provecho de su red de contactos en América Central y Naturaleza y Solidaridad que lo creó, financió su base y lo realizó. ADECOSAM también habrá aportado su piedra al edificio, haciendo que los Trepadores del Imposible se alisten para el día de salida.

Cada quien en su país, de ambas partes del Atlántico, es a larga distancia de nuestros colaboradores salvadoreños que organizamos este proyecto. Si la comunicación fue fluida entre Reforestando El Salvador y nosotros, costó mucho mas comunicarse con los Trepadores del Imposible, quienes no disponen de una buena conexión Internet en su caserío de San Miguelito. No es la primera vez que menciono el rompecabezas de organizar en tales condiciones un proyecto a distancia. Desde luego, habíamos hecho todo lo posible para hacerles participe de cada etapa de la escritura del proyecto hasta su publicación. No obstante, una variable de la ecuación quedaba incógnita: “¿Que sabían realmente de las aventuras que les esperaban?“. Por esta razón, una vez de regreso al hostal después de nuestras peripecias en las calles de San Salvador tomamos el tiempo necesario para leer juntos la presentación del proyecto en la plataforma de financiamiento participativo.

 En las ultimas etapas de preparación del proyecto, los acontecimientos se precipitaron hasta mi salida para El Salvador. Así pues, el tiempo se volvió trágicamente breve. Es cierto que los problemas de comunicación mencionados anteriormente, no nos habían facilitado la tarea de organizar el ecotour. Sin embargo, no se le puede echar la culpa a este único hecho. La falta de disponibilidad de cada actor del proyecto también había participado en dejar zonas grises. Aprovecho de esta oportunidad para mencionarlo. Naturaleza y Solidaridad es el fruto de un sueño que Ming Chau y yo teníamos en común. A pesar de nuestra paciencia y desempeño, la realidad es que por el momento la asociación no paga las facturas. Comprometerse plenamente a tiempo completo resulta entonces imposible. Se puede hacer la misma observación con las personas que hacen vivir la magnifica campaña de reforestación Reforestando Centroamérica. A pesar de la magnitud alcanzada y de su imperativa necesidad, los Centroamericanos que la implementan tampoco se están enriqueciendo realizando esa obra tan vital.

Una cuestión quedaba entonces pendiente: “¿Los trepadores del Imposible iban a confirmar la validación del proyecto?”. 

  Intentaba no dejar transparentar el zumbido de mi impaciencia que resonaba en mis oídos. Había invertido mucho tiempo, solicitado numerosos actores, recaudado fondos par realizar el ecotour… “¿Que iban a decidir? Cual iba a ser la respuesta de los Trepadores del Imposible? ¿Iban a contestar por la positiva a la presentación del proyecto en la plataforma de financiamiento participativo?”. Estas preguntas daban vueltas en mi mente, agudizaban mi impaciencia, pero no socavan mi confianza. No me había lanzado en esa aventura sin que me dieran luz verde. Sobre todo, lo que me dejaba algunas dudas es que, conociendo a estos bichos, me imaginaba que en vez de darse la pena de leer el pdf del proyecto que les había enviado, prestándole la atención necesaria, habían preferido ir a jugar al fútbol. ¡Ay, caramba! Ya sabes como son los jóvenes. Quien nunca fue joven les tire la primera piedra. Todos hemos dado algunas canas a personas que se preocupaban por nuestro futuro.

  A pesar de las dificultades para comunicar y de la despreocupada pereza de la juventud, es juntos que construimos este proyecto. Su reacción me confirmó que no me había equivocado. Estaban listos para el viaje. Este proyecto incluyendo un documental, los Trepadores del Imposible iban a ser escrutados todo el viaje por el lente de nuestras cámaras. Consciente que les pudiera provocar incomodidad, emprendí realizar algunas repeticiones en la terraza del hostal. Como ya lo había contado, esta tentativa poco exitosa no pasará en la historia. Para poner a prueba su capacidad a actuar ante un publico, sumé un pequeño juego de roles. Acabé prestándoles una vieja cámara bridge. También les presté nuestra nueva cámara dándoles la instrucción de cuidarla como la niña de sus ojos. Es así que el día siguiente los Trepadores del Imposible se fueron de camino para San Andrés tomando algunas fotos para ganar en autonomía y ser participe en el proyecto ejerciéndose a comunicar y a usar su imagen para ganar en popularidad.

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los Trepadores del Imposible

Photo: Brian V. Chinchilla

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  Como lo habrás entendido buscamos a dar a estos jóvenes trepadores de arboles las llaves de su autonomía. Ahora que el ecotour se terminó, les queda un importante reto: contestar sin intermediario la demanda de nuevos eventos. Esta historia queda por escribir. A la hora de hoy, si quieres experimentar la aventura de trepar por los aires, es con ADECOSAM o nosotros que debes ponerte en contacto. Cuando ya sera cosa del pasado, podremos decir que ganaron su independencia. Serán autónomos.

 

P.A Rigaudière

 


Notas del autor*

1. Hacer señas al motorista. Es una referencia al poema del poeta francés Raymond Queneau “Il Faut faire signe au machiniste.” Trata de gente esperando un bus, aquel bus pasa sin pararse porque se olvidaron de hacerle señas.

2. Ceiba pentandra (L.) Gaertn., 1791. Le Ceiba. Este arbol es considerado como sagrado en la cultura Maya. Es bastante común en Centroamérica.  El respeto que se le tiene explica posiblemente que se encuentren sujetos de impresionante tamaño en muchos lugares, incluso en medio de grandes ciudades.

3. San Sivar significa San Salvador en el argot (slang) salvadoreño, “el caliche”. Es el equivalente de Paname que designa París, palabra conocida a través del mundo gracias a la canción de Edit Piaf del mismo nombre.

4. Bichos. Así se llaman a los jóvenes en El Salvador.

5. Caserío: Es la mas pequeña división administrativa de El Salvador. Se emplea esencialmente en la zona rural. De las tres definiciones de la Real Academía Española, esta es la mas adaptada: “Conjunto formado por un número reducido de casas”.

6. Pulgarcito de América. Es una forma de llamar  a El Salvador por tener la mas pequeña extension territorial del continente americano. Hay gente a quienes no les gusta este apodo. En el caso de este texto, por supuesto, se emplea esta palabra de forma cariñosa. Es ademas la ocasión de un pequeño aparte cultural para dar a conocer la cultura salvadoreña.

 

 

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